martes, agosto 16, 2011

Como libélulas de secano

El bochorno de la tarde había dejado paso a una noche cálida y a un cielo estrellado, sólo roto de vez en cuando por alguna estrella fugaz, que cruzaba el firmamento concediendo deseos a aquellos que lograban verla. Maribel tenía los brazos cruzados sobre la cabeza, dejando que la escasa brisa nocturna secara el sudor de sus brazos y piernas, mientras miraba intensamente hacia las estrellas. Estaba tumbada en el jardín, bajo el roble del abuelo, dejando que poco a poco su corazón se fuera calmando y recobrara la paz que había perdido con la discusión.

Su mente se había perdido mirando los astros, había decidido desconectar sus pensamientos, dejando que los sentidos tomaran el mando, intentando no pensar: veía el titilar de las luces del cielo, oía el movimiento de las ramas del roble sobre ella, podía oler la carne asada que estaba preparando el vecino, saboreaba el gusto agrio y familiar de un tallo de hierba que había cortado y puesto en su boca, sentía cómo la brisa acariciaba sus piernas y cómo enfriaba su piel poco a poco…

Siempre le había gustado ese lugar. De niña venía aquí, con sus hermanos y primos, para subirse al viejo roble, jugando a ver quién se subía más alto, quién era el más valiente y habilidoso. Con el tiempo, los primos se fueron a la ciudad y sus hermanos se alejaron de la casa de sus ancestros, y finalmente sólo ella venía a dar compañía al anciano árbol y a hablar con él.

3 comentarios:

Candas dijo...

Veo a Maribel, allí, tumbada bajo el arbol.

Soy el gato que sube al viejo roble siempre que puede, siempre que necesito hablar con él...
...
...

Huelquén dijo...

El roble siempre está ahí, aunque a veces no responde, es muy suyo ese viejo carballo...

Candas dijo...

Subiré siempre que pueda.

Le maullaré muy fuerte, y le haré cosquillas con mi rabo. Conseguiré que me consteste, necesito que lo haga; no soy su familia, no soy nieto, su hijo, su pasado... pero le necesito.

Yo sé que no es solo un arbol...