miércoles, agosto 01, 2012

Rumor de alas y piel

Me gusta salir a caminar temprano en los meses de verano. No soy especialmente madrugador pero me gusta el frescor de esas primeras horas, cuando el sol aún no ha evaporado la frialdad de la noche, cuando aún se puede sentir la brisa bajando la temperatura de tu piel.

En esos paseos por mi ciudad suelo pasar bajo un arco de ladrillo viejo, una de las puertas que se abrían en la muralla, que daban paso a peregrinos, mercaderes, aldeanos y señores hacia la parte vieja y noble de la villa. Ahora, de la muralla no quedan más que restos escondidos entre torres de apartamentos, y la puerta se ha convertido en lugar de cruce entre un parque con máquinas de ejercicios y una calle estrecha y angosta que lleva hasta una de las plazas.

Hoy, caminando ensimismado en mis recuerdos, dejando que mis sentidos se encarguen de guiar mis pasos, he llegado a la entrada de ese arco y unos aleteos y chillidos han llamado mi atención. Revoloteando en lo alto de las bóvedas, con ese movimiento tan característico que tienen estos animales, había un pequeño murciélago. Su presencia me extrañó. No era la hora tan temprana como para que fuera normal, y el pobre animal estaba claramente desorientado. Volando de un extremo a otro del túnel, temeroso de cruzar a la claridad de una de sus salidas, el murciélago daba vueltas y revueltas bajo mi mirada. Ha intentado sin éxito encontrar un asidero, un descanso en las encaladas paredes del arco, pero no lo ha conseguido. Tal vez porque su cuerpo negro destacaba demasiado sobre la cal.

Finalmente, después de varios minutos de indecisión, ha salido volando por uno de los extremos del túnel y ha buscado refugio en la sombra de unos árboles cercanos, quizás escondiéndose hasta la llegada de la noche.

Y yo he seguido mi camino, preguntándome si no era yo como ese murciélago, incapaz de optar por una de las dos salidas de mi vida, revoloteando entre ambas hasta que el cansancio o la suerte me incline por una de ellas…

2 comentarios:

Candas dijo...

Veo que todo sigue igual por estos lares... Incluso la ya instaurada indecisión del protagonista de los relatos...

Huelquén dijo...

Bienvenida, Candas