viernes, noviembre 16, 2012

Noticiero de la tarde

Hoy en día abrir el periódico o escuchar las noticias en televisión es arriesgarse a sufrir una depresión muy seria. A través de ellos conocemos, y gracias a los medios en muchos casos nos regodeamos, casos de suicidio por desesperación, maltratos, vidas tiradas a la calle por una interpretación dura de la ley, el capitalismo en su forma más salvaje. No hay esperanza. No se ve el final del túnel.

Los medios también intentan compensarnos con concursos, peleas o romances entre famosos... Las secciones de deportes y variedades de los diarios aumentan de tamaño, y los programas deportivos han incrementado su oferta como nunca antes, igual que las llamadas revistas del corazón.

Sin embargo, no se publican sucesos esperanzadores, aquello que antes se llamaba “el lado humano” de la noticia se considera ahora por el modo primitivo, esto es, el más sanguinario, el más carnívoro. Ocurre una desgracia y enseguida nos ocupamos al 100% de informar, poner fotos y vídeos de la tragedia, de acompañar a los familiares en su dolor… Claro, con clases. No da para tanto 150 muertos en un descarrilamiento de tren en Bangladesh (producido por el hacinamiento y el mal estado de los trenes comprados a un país europeo) que el nacimiento del bisnieto de la nuera de la hija de uno de nuestros más ilustres payasos (dicho sea con todo el respeto al gremio del cual me siento parte).

No me malinterpretes, querido lector. Estoy a favor de la información, soy un convencido de que cuanto mayor sea el acceso a la misma, mejor nos irá a todos. Estoy seguro de que ahí fuera hay fantásticos periodistas, gente dispuesta a darte todos los datos de la noticia para que podamos formarnos una opinión clara e informada. Pero me pregunto para qué quiero una opinión sobre que los amores de Justo Maderalago y Luna Pérez, o por qué es necesario dar tanta importancia a las opiniones de Mariano sobre Arturo, aunque uno sea el presidente de la comunidad de vecinos. Cansa. Aburre. Desmotiva.

Por eso yo, que era de lectura diaria de periódico, en papel y de cabo a rabo, y de revistas varias, ahora sólo veo por encima las ediciones digitales (gracias a XXXX* por eso, que nos permite conocer varias visiones sin apenas coste) de algunos de los periódicos más importantes, leyendo sólo aquellos artículos que me interesan. No veo noticias ni la edición de este año de Gran Primo.

Y no soy mejor por ello, ni más intelectual ni nada parecido. Ya lo paso suficientemente mal en mi vida diaria como para necesitar que me quiten la poca ilusión en el ser humano que me queda. Es así de simple.


* Sutituir por el nombre que más nos convenza

3 comentarios:

Candas dijo...

Pobre, lo mal que lo pasas...
Es cierto, hubiese sido más justo que nacieses en Uganda, o Etiopía, o...

Huelquén dijo...

No confundamos. No me estoy quejando de la situación, sino del exceso hacia el lado tenebroso y macabro de nuestra información general. Lo mismo diría en Somalía si todas las noticias que leyese fueran hambre, guerra, enfermedad, destrucción, dolor... y no me hablarán de cooperación, ayuda, desarrollo o amistad.

Candas dijo...

No, es que en Somalia lo dirías fijo, y además, me da en la nariz que eres de los que siempre ve el vaso 'medio vacío', porque es cierto que nunca estuvimos tan informados, pero 'malas noticias', por desgracia, hubo siempre.