sábado, noviembre 03, 2012

Sala de espera

Debido a una de mis múltiples (y según los médicos imaginarias) dolencias, he tenido que pasar la tarde sentado en la sala de espera de urgencias. Normalmente no me importa esperar; no soy un hombre impaciente ni suelo tener prisa para casi nada, y la mayoría de las veces procuro disponer de lectura suficiente para ir matando los ratos en que lo necesito. Pero hoy apenas he podido leer un par de párrafos antes de sentirme atraído como una polilla por la conversación de un grupo de jóvenes que estaban cerca de mí.

Eran cuatro chicas, ninguna de ellas mayor de veinte años, que comentaban alegres y vivaces sus embarazos y las circunstancias de los mismos. Nada de esto era fuera de lo normal; el embarazo adolescente sigue siendo un problema en zonas rurales, como el lugar donde vivo, a pesar de las campañas del gobierno y organizaciones sin ánimo de lucro. Parece ser que es más fácil que nuestros hijos e hijas se aprendan la letra del hit del momento en Bulgaria que hacerles ver la importancia del preservativo en unas buenas relaciones sexuales. Si los padres no lo hacen…

Una de ellas, delgada, con el pelo moreno recogido en un moño, y un clavo sobresaliendo del labio superior, estaba muy preocupada porque su hijo estaba a cargo de la madre y ya eran altas horas de la noche. Con el correr de la conversación me enteré (yo y toda la sala) que su marido estaba en la cárcel, que ya había tenido las visitas “intima, familiar y de convivencia”, que no estaba preocupada por él, porque su suegro había estado muchos años en la cárcel y tenía muchos amigos, pero que le extrañaba que no la hubiera llamado las dos veces que solía hacer en los días de llamada, a pesar de lo que ella se esforzaba en conseguirle el dinero que necesitaba allí dentro…

Otra de ellas, rellenita, con una incipiente barriga, posiblemente con menos de dieciséis años, tenía otras preocupaciones: había denunciado al presunto padre del bebé para poder cobrar una ayuda familiar de cuatrocientos euros durante tres años, ayuda que además le proporcionaría ventajas para obtener “los papeles”, y ahora se encontraba con que no podía verle o le retiraban la ayuda.

Toda esta conversación entre ellas se mantuvo en un tono de absoluta naturalidad, como si estuvieran comparando notas o se contasen las últimas vacaciones. He de confesar que me resultó muy chocante encontrarme de bruces con esta realidad: personas que viven la cárcel como un hito más de la vida cotidiana, que son capaces de negar una relación con tal de obtener una ayuda para el sustento diario… 

Vivimos en tiempos difíciles, todos los días se encargan de recordarnos que éstos serán cada vez peores, las noticias son todas pesimistas y ya ni siquiera las páginas deportivas de los diarios nos dan alguna alegría. Y sin embargo, la vida sigue, los niños nacen, son educados (más o menos bien) y continúan un ciclo que lleva rodando desde el principio.

A menos que Ronaldo y Messi hagan algo, bajo los auspicios de Merkel…

3 comentarios:

Candas dijo...

La puta realidad...

ROSA dijo...

Teo, tienes una forma de escribir, que se hace amena y entretenida. me hubiera gustado seguir leyendo más de ese relato.

Huelquén dijo...

Desgraciadamente, Candas, la realidad a veces nos abofetea sin avisar.

Gracias Rosa, te invito a seguir leyendo y a bucear en los relatos de este blog. Espero leer cosas tuyas pronto.