martes, julio 05, 2011

Nos sobraran las ganas de volar

Había terminado el curso y el grupo lo estaba celebrando. Cómo acabamos en aquel sitio es algo que no recuerdo muy bien, pero el caso es que allí estábamos todos, sentados en la terraza de aquel viejo bar, en las sillas de plástico blanco que se usaban en verano para las mesas exteriores, tomando cervezas una tras otra.

Claudio se reía a mandíbula batiente, mientras su pelo rubio y largo se ondulaba con los movimientos de su cuerpo, respondiendo a los chistes de Alfredo, sentado a su lado. Benjamín bebía tranquilamente de su botella, un poco ajeno al bullicio que los demás hacíamos, tal vez pensando en Susana… Carlos y Rafa aparecían por la puerta del bar con una nueva ronda de botellines, mientras Isidro protestaba por haber perdido el turno para invitar.

Nos habíamos conocido ese mismo año, en la cola para apuntarnos al equipo de fútbol sala, y, aunque éramos de distintos cursos, habíamos congeniado bien y formado un grupo bien avenido. Gran culpa de eso la tenía que éramos malísimos jugando, creo que no ganamos ni un solo partido en todo el año, a pesar de tomarnos muy en serio los entrenamientos y la presencia en los campos del polideportivo todos los sábados. Nos reíamos. No teníamos ambiciones, sólo queríamos pasar un rato divertido con amigos, y lo logramos.

Después de los partidos solíamos acabar en un bar cerca del poli, donde nos tomábamos unas cañas antes de volver a nuestras rutinas diarias, a nuestras familias, hasta el próximo entrenamiento o hasta el próximo encuentro. Rara vez nos veíamos por el pueblo, o en el instituto, debido a nuestros horarios o gustos. Pero no recuerdo un partido en el que nos faltase gente durante toda la temporada; a veces, prestábamos jugadores a otros equipos para que pudieran completar el mínimo y jugar sin problemas.

Benjamín se casó con Susana tras 8 años de noviazgo, y se fueron a vivir a Barcelona; me invitaron a la boda, pero no pude asistir por un problema de agenda (en aquel entonces me encontraba supervisando la construcción de una fábrica en Brasil). Después de dos años se divorciaron, incapaces de reconocer que el amor también muere, y ahora Benjamín ha rehecho su vida con una joven que conoció en Brasil durante su período de luto.

Claudio comenzó a estudiar derecho, como quería su padre, y tenía una prometedora carrera en vistas, gracias a los contactos de sus familiares. La última vez que estuve con él hablamos de volver a reunir el equipo y echar algunos partidos durante el verano, recordando viejos tiempos en el mismo bar de siempre. Tres semanas más tarde un conductor borracho no pisó el freno en el momento adecuado y se llevó por delante a mi amigo; tenía 22 años.

Carlos y Rafa terminaron el instituto y se prepararon el acceso a la Escuela de Oficiales del Ejército, estudiando durante medio año en una academia y haciendo un duro entrenamiento físico. Carlos lo consiguió al primer intento y Rafa al año siguiente. Los dos se graduaron con sus respectivas promociones (celebramos juntos las dos veces) y se convirtieron en oficiales del Ejército de Tierra. Desde entonces han estado viajando y siendo parte de varios de los cuerpos expedicionarios que España ha enviado a zonas de guerra: Bosnia, Líbano, Afganistán, Chad… Finalmente se casaron hace dos años, y ahora están peleando para poder adoptar un niño.

Isidro no terminó el instituto. Siempre fue el más rebelde del grupo, y con los años esa tendencia se fue acentuando, junto con sus malas compañías. Comenzó a frecuentar las pandillas locales a muy temprana edad, mientras sus padres se desentendían de él, incapaces de ver su generosidad y su fuerza interior. La última vez que le vi estaba muy delgado, vestido con su eterno pantalón vaquero, y el cigarrillo en la boca, paseando tranquilo por el parque, con el aire perdido de aquellos que han pasado mucho tiempo fuera de este mundo. Poco después me enteré de que le habían ingresado, con un fallo sistémico general del que no pudo recuperarse: tenía 34 años.

Nunca volví a saber de Alfredo. Su familia se mudó al terminar el año escolar y no mantuvimos contacto. En todos estos años he intentado saber de él, preguntar a amigos, buscarle en internet, sin resultado. De él me queda el recuerdo de sus ojos alegres y su sonrisa campechana, de sus guantes de portero rojos y blancos, de las canciones que inventaba para dar ánimos al equipo…

Yo acabé una carrera de ingeniero y tuve la suerte de ser de los primeros que salieron con un buen dominio de idiomas, con lo que pude encontrar trabajo en una multinacional estadounidense, y ahora paso largas temporadas fuera del país, coordinando y ejecutando grandes obras civiles. A veces, en uno de esos países dejado de la mano del hombre, veo un grupo de niños jugando al fútbol de forma entusiasta, y recuerdo a mi grupo de amigos, sudorosos, a veces empapados por la lluvia, después de un partido que nunca ganábamos. Nos veo juntos, riendo, tomando un botellín bien ganado, sin pensar en el futuro, sin pensar…   

2 comentarios:

Candas dijo...

La juventud, no es un tiempo de la vida: es un estado del espíritu.

Gracias nostalgia, gracias...

Huelquén dijo...

Bien citado el maestro Alemán, bien citado Candas...