miércoles, septiembre 28, 2011

Corazón vacío

"Nunca podré perdonarte..."

Estaban sentados en el salón, en la vieja mesa de comedor, cara a cara. Los platos del desayuno se amontonaban frente a ellos: pan, mermelada, mantequilla, jamón dulce, pan de Pascua…Él se llevó la taza de café a los labios, evitando así mirarla a los ojos. Aunque parecía sereno, el ligero temblor de sus manos mostraba el efecto que sus palabras habían tenido en él.

Había sido una noche de pesadilla para ambos. Su llegada inesperada, tras varios días de ausencia por trabajo, había puesto sobre la mesa preguntas que ninguno de los dos quería plantearse. Cuando entró en la casa, cansado del largo viaje, no hubiera nunca esperado encontrarla en brazos de otro hombre, de su mejor amigo… Al shock inicial le siguió el dolor y la rabia, y esa rabia le había impulsado durante las siguientes horas, gritando, peleando, suplicando...

Ella no le esperaba. Hacía ya varios meses que tenía un amante, alguien que había convertido su anodina vida en algo excitante y nuevo, una persona con la que se complementaba físicamente y de la que recibía mucho de lo que necesitaba. Sin embargo, aún quería a su marido, a un nivel que en muchos matrimonios sólo se alcanza tras años de penurias y sueños compartidos. Simplemente, necesitaba otras cosas, y así lo sentía, así trató de explicárselo, interponiéndose entre los dos hombres, logrando que su amante saliera de la casa, abrazando y tratando de consolar a un marido que sufría tanto como ella.

Las lágrimas y el dolor sustituyeron a la furia cuando se calmó, cuando el otro hubo desaparecido de su vista y sólo quedaba ella. Ella, la mujer con la que se casó y de la que se había distanciado en los últimos años. Las recriminaciones, las preguntas, los porqués volaron esa noche en la casa, mientras recorría la sala de un extremo a otro, mientras ella lo miraba sentada, apenas vestida, con las lágrimas ya secas.

2 comentarios:

Aleisa dijo...

Es triste pero realizta a la vez:/.. Dificil situacion.


Saludos.

Huelquén dijo...

La realidad siempre supera a la ficción. Un saludo Aleisa