lunes, abril 25, 2011

El próximo verano

"Comienzas a gatear en esta vida, sin saber hacia dónde te diriges, y cuando quieres echar la vista atrás ya es demasiado tarde para cambiar de rumbo"

Las palabras de Víctor aún resonaban en sus oídos, cuando despertó a la mañana siguiente, con la cabeza dolorida y los ojos ardiendo, como cada lunes por la mañana, después de un fin de semana de alcohol y marcha. Una ducha fría y un par de píldoras le pusieron de nuevo en movimiento, despejando las últimas telarañas y preparándole para la jornada que se avecinaba.

Mirándose en el espejo del cuarto de baño intentaba recordar qué había pasado la noche anterior, pero la cara que le devolvía la mirada no podía responder. Pasó unos minutos mirando a su contraparte, espiando cualquier signo de vejez o restos de la noche. Mientras se afeitaba, rememoraba la ruta del fin de semana. Había empezado igual que los últimos meses, con unas cervezas con los compañeros a la salida del trabajo, en el bar debajo de la oficina. El buen ambiente de trabajo se reflejaba en esas tardes de viernes, cuando todos iban alegres, se comentaban los chismes semanales, se hablaba del trabajo pendiente con un cerveza en la mano, mientras Antonio, el dueño del bar, sacaba una bandeja tras otra de tapas calientes. Se recordaba con una croqueta en la mano y la otra en las caderas de Silvia, una compañera de contabilidad con la que había tenido ya algunos roces, y ella no parecía molesta…

De allí algunos, los más gamberros, fueron al Universal, un pub cerca de la oficina donde solían continuar las charlas una vez que Antonio les echaba los viernes. El sitio estaba bien, era amplio, con una barra grande y luminosa, un gran espacio interior para bailar, con una tarima en la que los fines de semana tocaban grupos locales, y una amplia terraza con una gran vista del centro financiero de la ciudad. Allí recordaba cómo Silvia y él se habían asentado en uno de los rincones, ya separados del resto del grupo, mientras sus manos y labios se encargaban de toda la conversación, apenas conscientes del resto del mundo.

Un taxi les había llevado a casa de ella, un piso amplio en el extrarradio, compartido con dos amigas, que en ese momento estaban fuera. Llegaron tambaleándose, riendo y besándose, intentando no hacer ruido para no molestar a los vecinos. Cuando entraron en el piso, ella dejó las llaves encima de un aparador y se volvió a él, con una sonrisa pícara y el deseo pintado en sus ojos…

3 comentarios:

Candas dijo...

Entrega por fascículos?...

(Por cierto, qué fue del "Polaco"?)

Huelquén dijo...

Un folletín, como había hace años, mi querida Candas

Candas dijo...

thumb up!!