sábado, noviembre 06, 2010

De los pasos errantes

Los granos de arena se deslizan entre mis dedos, mientras la resaca se los lleva de debajo de mis pies, haciendo un pequeño agujero que crece y crece. Siempre es igual, tengo la sensación de que me voy a hundir en la arena, pero finalmente el agua me sobrepasa y mis pies se asientan de nuevo en la playa. Doy otro paso, esperando la siguiente ola y calculando su fuerza.

Ella está tumbada en la arena, unos metros más atrás. Desde aquí no puedo ver su cara, cubiertos sus ojos por unas gafas de sol, y la distancia no me permite adivinar sus pensamientos.

El mar me reclama. Las olas siguen atacándome, intentando hacerme caer mientras camino y me voy adentrando más y más en la zona de marea. Me llegan sonidos de gaviotas con el viento, y las veo sobrevolando las rocas de la punta este. Un grupo de cormoranes se encuentra en ellas, intentando secar sus alas con el tibio sol de la mañana, siempre atentos a los movimientos de los turistas que se acercan por el roquedal.

La arena que el mar arrastra me acaricia las piernas, y siento la fuerza de las olas en cada embate. La tentación de seguir es grande, caminar mar adentro, dejarse llevar por el oleaje, por el sol, seguir las corrientes que salen de la bahía y llegar a mar abierto, profundo e infinito, donde el viento y el agua son amos y señores. La sal de miles de gotas de espuma se ha pegado a mi rostro, y siento su sabor en mis labios.

Me giro y la veo, sentada, con las manos protegiendo sus ojos y mirando en mi dirección. Me saluda con la mano, y veo como su pelo se enreda en su rostro, a merced del viento. Pienso en su cuerpo juvenil, en el sabor de su piel, en la profundidad de su mirada, en la brisa de su respiración al dormir, y me doy la vuelta, sonriendo. Ella es mi océano y mi tormenta, ella mi calma y mi tempestad, ella el mar en el que quiero perderme.

1 comentario:

Rosi dijo...

Qué bonito Teo!...
Sin duda, el relato gana según va avanzando... ... ... Y TÚ TAMBIÉN!
Sigue así, por favor!...