miércoles, noviembre 09, 2011

Ofrecimiento

Mi habitación en el Leonés no era precisamente el mejor lugar para seguir una conversación, y mucho menos para tenerla con una mujer como la que me acompañaba. La dueña me había echado una de esas miradas que cuajan la leche en la ubre antes de darme la llave, mientras Pandora sonreía, entre divertida y juguetona. El camino hasta el hostal había estado salpicado de frases soeces, piropos, peticiones de tarifa y algún que otro amago de toqueteo; me gustaba ese lugar, aunque el barrio no fuera de lo más recomendable.

Entramos en mi habitación, y Pandora tuvo el detalle de no mencionar nada sobre el estado de la misma.

"¿Por qué quieres ir a las tierras altas?" pregunté, apartando unas camisas para sentarme en la cama, mientras le ofrecía la única silla de la habitación.

"Te lo he dicho. Perdí algo que necesito recuperar."

"Perder algo en esas tierras es como no volver a verlo nunca. ¿Puedo saber qué es?"

"No. Tu trabajo es llevarme allí, encontrar un lugar que te describiré y regresar con vida."

"No suelo arriesgar mi vida con tan poca información", respondí.

"Lo harás por mí", dijo ella, mientras se levantaba de su asiento y se sentaba sobre mis piernas. Su pelo dorado reflejaba la poca luz de la bombilla, mientras me miraba a los ojos y acariciaba mis hombros. Acercó sus labios a los míos y me besó, un beso que levantó sensaciones dormidas hacía mucho y que correspondí con pasión, para mi sorpresa.

2 comentarios:

Candas dijo...

OH!
Qué directa esa mujer, sin tan siquiera un previo 'beso de comisura'!!!

Huelquén dijo...

Acababa de matar a un tipo de 150 kg sin despeinarse, no es el tipo de mujer a la que le gusten los preliminares, lo comprobarás Candas.