viernes, enero 06, 2012

El cuento de la nave tiburón

A mi hijo.


Había una vez una nave espacial que tenía una forma muy peculiar. Era alargada, como un pan, y tenía unas expansiones que le salían del centro, a los lados, y de la parte superior; su parte final se alargaba hasta quedar muy finita, y estaba unida a dos paneles horizontales. Delante tenía dibujada una enorme boca llena de cientos de dientes. Era una nave tiburón, una de las muchas que los tiburones espaciales tienen por el cosmos. Dentro había una tripulación de tiburones espaciales, grandes tiburones de todas las especies vestidos con trajes espaciales que les permitían vivir y moverse por la nave.

Los tiburones no eran felices. Habían nacido para nadar y bucear en grandes espacios de agua y en el interior de la nave se encontraban encerrados. Les gustaba pero querían un sitio donde pudieran bañarse y jugar a sus anchas. Por eso, un día el capitán de la nave decidió buscar un planeta que les permitiera hacerlo, con mucha agua para que pudieran quitarse los trajes y disfrutar con lo que más les gustaba: nadar muy veloces.

Y la nave espacial surcó las galaxias buscando ese planeta, volando por el cielo con los tiburones dentro. Y después de mucho tiempo encontraron un planeta, un planeta rojo. El capitán dijo “vamos a ver ese planeta, puede que tenga el agua que queremos para jugar”. La astronave descendió y aterrizó en el planeta, y una patrulla de tiburones bajó a través de unas puertas para visitar ese mundo rojo que habían descubierto.

Se encontraron con que el planeta rojo era todo desierto. Inmensas extensiones de arena, viento y rocas, con muy pocos árboles o animales. Y por supuesto, casi sin agua. “Este planeta no es bueno”, dijeron los tiburones de la patrulla al capitán, “no tiene agua para jugar”.

El capitán y toda la tripulación se pusieron muy tristes, porque realmente querían un lugar para divertirse nadando y chapoteando, y se habían hecho ilusiones con ese mundo. Pero el capitán dijo entonces “busquemos otro planeta, tal vez encontremos el agua que queremos”.

Y la nave espacial se elevó de la superficie roja y volvió a cruzar los cielos volando. Después de mucho tiempo, los observadores de la nave descubrieron otro planeta, y pensaron que sería el ideal: era un globo de un lindo color verde, y pensaron: donde hay verde hay plantas y donde hay plantas hay agua. Avisaron al capitán y la nave descendió suavemente sobre el planeta verde, levantando un montón de hojas y ramas con el viento.

Una patrulla de tiburones bajó de nuevo de la nave, envueltos en sus trajes espaciales, para aventurarse en ese mundo verde y descubrir sus secretos. Y se encontraron que todo el planeta estaba cubierto de plantas: grandes árboles cuyas ramas techaban tremendas extensiones de terreno, praderas inmensas que parecían mares de hierba, montañas cubiertas de arbustos y helechos… En ese planeta los tiburones encontraron agua: lagos, ríos, arroyos, riachuelos cruzaban todos los continentes, pero no había una gran cantidad de agua junta. “Aquí hay agua, pero no podemos jugar porque no hay mucha”, dijeron los de la patrulla al capitán. Los tripulantes de la nave se pusieron tristes de nuevo, porque no habían encontrado el lugar que querían, y la nave tiburón despegó de nuevo, volando hacia el cielo.

Los tiburones espaciales estaban muy desanimados. Ya habían pasado mucho tiempo buscando el lugar para jugar, que tuviera mucha agua para poder nadar, chapotear y jugar todos juntos. La nave estaba triste.

Después de mucho tiempo encontraron otro planeta, esta vez de un bonito color azul. El capitán dijo “bajemos a ver qué tiene este planeta”, y la nave descendió, y descendió y descendió y descendió, pero no encontró ningún lugar sobre el que posarse. El mundo azul estaba completamente cubierto de agua: grandes mares que envolvían todas las tierras. Cuando los tiburones vieron eso, se alegraron mucho, y quitándose los trajes espaciales se zambulleron en los océanos azules de ese planeta, y fueron muy felices nadando, jugando y chapoteando en sus aguas.

Y colorín colorado…

2 comentarios:

Rosi dijo...

'... Y fueron muy felices..'
Puede haber un final mejor?? :)

Cuánta imaginación e inspiración provoca tener un niño en casa, qué no?

Huelquén dijo...

Son de los públicos más exigentes...